22 may. 2018

LA TIERRA DEL OLVIDO - RETO 2 (52 Retos de escritura para 2018)

Una chica de trece años observaba la ventana de un autobús mientras sus recuerdos escribían en las nubes que cubrían el cielo azul las razones por las que se quería marchar.
La paranoia juvenil le decía que la querían asesinar, había sido un sábado normal entrando al apartamento de su padre con un gran obsequio para el día del padre y muchas ilusiones sobre la marcha, abrió la puerta y fue halada del brazo con brusquedad hacia dentro mientras la puerta se cerraba de un golpe.
-¿Pap…?- comenzó a decir antes de que le torcieran la mano y su rostro hiciera un gesto de dolor, el hombre frente a ella empuño lo primero que encontró a mano y lo alzó hacia ella, el golpe de un gancho de colgar ropa cayó en su rostro mientras él gritaba cosas que ella apenas entendía. Lo observo con miedo y terror mientras la caja en que llevaba el obsequió caía al suelo.
-¡Quédate aquí!- gritó zarandeándola mientras la chica deseaba y fallidamente intentaba salir corriendo.  El hombre dio media vuelta y entro a una habitación donde se escuchaba como el sujeto gritaba y golpeaba a la que se oía como su novia.
La niña que seguía en la sala-comedor jadeo y tomo su celular para llamar a su madre, quién aún se encontraba fuera del edificio, pero la llamada se fue al buzón.
-¡¿Qué crees que estás haciendo?!- le grito el hombre que estaba de vuelta en la sala tomándola con tanta fuerza en el brazo que le hacía daño- ¡eres igual que todas esas mujerzuelas!- dijo mientras la golpeaba contra la pared- ¡No vas a salir de aquí!
La niña lo observo asustada, jadeando y con los ojos llenos de lágrimas mientras él volvía a la habitación inundando el pequeño apartamento de insultos. Tan pronto se marchó tomo la llave y abrió la puerta para correr al pasillo pidiendo ayuda mientras el sujeto del apartamento la seguía de cerca, pisándole los talones, hasta llegar al balcón que conectaba con las escaleras donde la alcanzó y comenzó a soltar improperios interrumpidos por el sonido de un móvil.
-¿Diga?- contestó él- todo está bien, puede irse para la casa.
-¡No! ¡Auxilio!- dijo la chica antes de soltar una queja al recibir otro golpe. Él colgó el celular y la observo con enojo mientras la arrastraba al apartamento.
-¡Basta!- dijo una tercera voz femenina haciendo que ambos se voltearan a ver a la madre de la niña quien había subido el único piso probablemente a saltos y ahora jadeaba.
-¡Largo!- grito el hombre dándole un golpe para luego empujarla por las escaleras.
-¡mamá!- grito la niña corriendo hacia ella.
Luego todo paso muy rápido, ambas mujeres, bueno, madre e hija corrían por el centro de una perdida ciudad en Macondo mientras el hombre las seguía pisándole los talones.
Cuatro cuadras después estaban en una estación de policía siendo levemente interrogadas por dos policías que se reían entre ellos al escuchar lo que una adolescente y su madre tenían que decir, sin ser creídas por nadie, sin ser tomada en cuenta la sensación de inseguridad, miedo y desconfianza que recorría su cuerpo cuando mirada al hombre que se hacía llamar su padre.
-Ja! Esa mujer llego a dañar la armonía de mi hogar!- dijo el hombre del apartamento observándolas con una sonrisa triunfadora.
Luego de una muy larga discusión a la que la chica y no deseaba poner atención, o tal vez había olvidado recordar, él se fue de vuelta a su apartamento.
La chica observaba las nubes aterrada aun mientras recordaba porqué deseaba salir del perdido Macondo. 

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