18 ene. 2014

Fragmento de Conciencia.

Aveces se sentía sola, otras acompañada. A veces se hastiaba de la gente o de la soledad, a veces deseaba unirse por siempre con ella, no era fácil sobrellevar esos momentos, no era nada fácil tratar de ser normal, de unirse a un grupo, porque no le gustaba el sentirse atada, aunque le gustaba la gente no quería ser del montón, no sabia porque y tampoco le gustaba. Era todo un lío, era una chica bastante extraña y un poco ingenua, creía que todos tenían algo bueno en su alma, creía saber que hacer aunque nunca actuaba como creía que debía haber hecho, se sentía aislada aunque sus amigos decían que ella era sociable, incluso mas que ellos. No creía ser la gran cosa, no creía que su belleza existiera o sus conocimientos fueran realmente los que tenía, no porque no se conociera, porque sabia que muchas veces eso no importaba, la vida se mostraba extraña a su alrededor, tan extraña que no pertenecía a ella, no sabía porque su pasado era tal y dudaba de su futuro, sabía en el fondo aunque no deseaba creerlo, que, había nacido para estar sola, para romper todas las maldiciones que tenía su pasado y antepasados, para acabar con eso que odiaba y también, con su propia vida, porque al final no le pertenecía, no se pertenecía, no era de nadie, tampoco era para nadie, no existía, no era nada, nada comparado con otras muchas cosas, prefería ser la luz del sol que ilumina las montañas, el agua que corre por las rocas, la brisa entre los arboles, la sonrisa de un niño, a estar atada a su cuerpo, esclavizada por la sociedad, no temía a la muerte, no creía en ella, pero sabía que existía, que era tan lúgubre como ella, la conocía desde sus dos años, a lo largo de la vida la había encontrado, pero no podía creer en ella y sus falsas esperanzas y pobres expectativas. 



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